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Una de cada 5 mujeres sufre violencia de pareja actualmente.                              En la infancia el 42% de las mujeres encuestadas fueron golpeadas, 21% insultadas y 16% humilladas por sus padres y/o familiares.                              Las mujeres no buscan ayuda por falta de confianza, vergüenza o porque consideran la violencia de pareja como algo privado.                              Durante el embarazo 8% de las mujeres encuestadas sufrieron humillaciones, 6% fueron obligadas a tener relaciones sexuales y 5% golpeadas por sus parejas.

La verdad de los hechos
Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres

En la ceremonia donde se celebró el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, la Secretaría de Salud dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional sobre violencia contra las mujeres que permitirá a las instituciones públicas y al sector salud en particular, contar con información precisa de carácter nacional que permita la toma de decisiones y el diseño de programas y políticas públicas para abatir este problema.

Llevada a cabo entre 26 mil 42 usuarias de unidades de primer y segundo nivel de la Secretaría de Salud, el IMSS y el ISSSTE en todo el territorio nacional, la muestra revela cifras que confirman el problema de salud pública en que se ha convertido la violencia familiar. Por ejemplo que una de cada cinco mujeres mexicanas mayores de 15 años que acudió a consulta sufrió, en el año previo a la entrevista, violencia sicológica, física, económica o sexual por parte de su pareja. Resalta la vinculación como detonante de esta violencia el consumo de alcohol en los varones agresores; como en su caso la falta de instrucción escolar, en las mujeres agredidas.

Aun más, el 60.4 por ciento de las entrevistadas declaró haber sufrido o sufrir algún tipo de violencia en su vida, mientras que la edad promedio de las consultadas (de 35.8 años) reveló que justo en el momento de mayor plenitud y desarrollo de sus capacidades físicas y mentales, se encuentran atrapadas en relaciones violentas pues la mayoría son casadas y con la limitante cultural y laboral de un nivel educativo entre primaria y secundaria.

El contexto es claro también en las asignaciones sociales, pues un porcentaje importante de mujeres encuestadas tiene como centro de sus actividades el trabajo en el hogar, con todo lo que implica sociocultural y económicamente. Sin embargo, la proporción de mujeres que trabajaron (33.7 por ciento ) y que no trabaja por diversas razones (16.2 por ciento ) representa a la mitad de las mujeres en el estudio.

La violencia tiene repercusiones económicas para el hogar debido a la utilización de servicios de salud y ausencia laboral. Sobre las repercusiones que en la salud tiene vivir relaciones violentas y que constituye una de las formas más sutiles y difíciles de reconocer, los datos arrojaron que los trastornos emocionales, en particular la depresión, fue uno de los factores que más sobresalió, aunado a la alta prevalencia de consumo de medicamentos o remedios para calmar el dolor (59.8 por ciento ) y el cansancio que declararon sentir (69.3 por ciento ).

Muchos de las variantes que conforman el caleidoscopio de la violencia, lo constituye el hecho de que un porcentaje importante de mujeres es vulnerable a sufrir violencia en algún momento de su vida, sin importar el que su relación haya terminado (34.5 por ciento) lo que da idea de la complejidad del fenómeno y cómo su análisis no puede partir de consideraciones simplistas. En este rubro se incluyó a las mujeres que declararon violencia de pareja actual o en algún momento de su vida o hayan sido golpeadas o maltratadas por familiares y el maltrato durante la niñez.

Los porcentajes sobre el tipo de violencia sufrida por las encuestadas son los siguientes: un 19.6 por ciento vive violencia psicológica o emocional; física, 9.8 por ciento , sexual 7 por ciento , y económica 5.1 por ciento. Aunque es muy probable que un número importante de ellas vivan mas de una al mismo tiempo.

Los diferentes tipos de violencia que sufre la mujer se manifiestan iniciando con empujones, sacudidas, jaloneos, torceduras de brazo, golpes con mano o puño hasta alcanzar niveles de mayor intensidad como son las quemaduras, intento de asfixia, ataque con arma punzocortante y disparos de arma de fuego.

La utilización de servicios de salud para la atención de lesiones producidas durante el hecho violento, están estrechamente relacionadas con la gravedad de las lesiones, que van, desde el presentar heridas que hayan requerido ser suturadas, las fracturas y pérdida de algún diente, hasta el haber requerido ser hospitalizada. Sin embargo, llama la atención que el 33% y 38.2% de las mujeres que tuvieron fracturas o que requirieron suturas respectivamente, no acudieron a ninguna institución de servicios de salud para su atención, lo que apunta a la permanencia del estigma que rodea a la violencia familiar y que lleva a que sus víctimas no se atrevan a buscar ayuda o no sepan cómo hacerlo.

La violencia también se expresó, a decir de las entrevistadas, a través del control con no darle dinero o quitárselo, la exigencia para tener relaciones sexuales, amenazas de irse con otras mujeres si no accede a tener relaciones, y el uso de la fuerza física.

Para los coordinadores de esta encuesta, Gustavo Oláiz, Blanca Rico y Aurora del Río, el sondeo proporciona información sobre el impacto que la violencia tiene sobre la salud de las mujeres, permite conocer, desde la perspectiva de las propias mujeres, las limitaciones y obstáculos para conseguir ayuda, detectar a quienes la han solicitado o no y cuáles han sido las razones.

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