Las
mil caras de la violencia
25 de noviembre.
Día Internacional contra la Violencia
hacia las mujeres
El 25 de noviembre fue declarado
Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres
durante la celebración del primer Encuentro Feminista de
Latinoamérica y del Caribe, celebrado en Bogotá
(Colombia) en julio de 1991.
Las mujeres ahí reunidas
-militantes feministas e investigadoras sobre el tema de la
violencia- dieron un gran paso en la historia mundial, al lograr
que la mayoría de los países adoptaran un día
del año para poner énfasis en las alarmantes cifras
de violencia registradas en el mundo. Se dice fácil,
pero no lo es. Imagínense ustedes llamar la atención
de los gobiernos del mundo tan ocupados "en sus grandes
temas", y forzarlos a, por lo menos, repudiar declarativamente
la violencia contra todo ser del sexo femenino.
Se eligió el 25 de
noviembre como una forma de no olvidar que en un día
idéntico pero de 1960, la policía secreta del
dictador dominicano Rafael Trujillo asesinó a tres activistas
políticas de excepción. Reconocidas por sus acciones
a favor de la verdad, las hermanas Patria, Minerva y María
Teresa Mirabal fueron encontradas muertas en el fondo de un
precipicio, en una época en que la traición, la
mentira y la cobardía se entronizaron en el poder político
de su país. Para el movimiento popular y feminista de
República Dominicana, estas mujeres han simbolizado la
lucha permanente a favor de la justicia.
Sorprendentemente fue hasta
1999 cuando la ONU dio carácter oficial a la fecha. Desde
entonces apoya a las mujeres de organizaciones civiles en su
denuncia de la violencia sufrida por el género femenino
en todo el mundo.
Algunas iniciativas se han
traducido en la elaboración de Convenciones y Tratados
internacionales. Éstos son compendios de leyes que pretenden
regular, llamar la atención y definir conceptos jurídicos,
sociales y políticos en relación con las mujeres.
Tales documentos, conocidos por una mínima cantidad de
mujeres y de servidores públicos y abogados, pretenden
brindar protección a una mujer en cuyo lugar de residencia
no exista una ley específica que la apoye.
Destaca entre ellos la llamada
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer, también conocida
como “Convención de Belém Do Pará”.
Dicho documento define la violencia contra las mujeres como “cualquier
acción o conducta basada en su género, que cause
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico
a la mujer, tanto en el ámbito público, como en
el privado. Así como aquella que sea perpetrada o tolerada
por el Estado a sus agentes dondequiera que ocurra.”
Uno de los logros más
significativos de todas las iniciativas por llamar la atención
sobre el fenómeno de la violencia, lo constituye sin
duda haber llevado a la legislación el tema de la violencia
intrafamiliar, a través del reconocimiento de que lo
que sucede en el ámbito de lo privado (el hogar) atañe
a la sociedad en su conjunto.
La violencia familiar se
define como el conjunto de actos u omisiones que atentan contra
la integridad física, psicológica, sexual y moral
de cualquiera de los integrantes de una familia.
En México, según
la Encuesta Nacional de Violencia contra las Mujeres, levantada
entre noviembre del 2002 y marzo del 2003, una de cada cinco
mujeres es maltratada por su cónyuge ya sea mediante
gritos, empujones, golpes y hasta heridas que pueden dejar daños
severos en la salud o provocar la muerte.
Las acciones no sólo
son aquellas “visibles o evidentes” y que dejan
huella corporal; también se incluyen los actos que lesionan
la integridad psicoemocional. Así, en la definición
caben la negligencia o las omisiones que repercuten negativamente
en los ámbitos físico y emocional de las personas
y que se reflejan en el estado de salud de quien las vive, o
bien en casos extremos de abandono.
La Organización Mundial
de la Salud en su reciente declaración de Bogotá,
reconoce: Que la violencia es entendida como el uso deliberado
de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza
o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad,
que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones,
muerte, daño psicológico, trastornos del desarrollo
o privaciones y atenta contra el derecho a la salud y la vida
de la población.
Que las diversas formas
de violencia interpersonal, colectiva y autoinflingida y que
se expresan no solo en el escenario del conflicto armado sino
también en nuestras propias comunidades, en nuestras
calles, en nuestros trabajos y en nuestros hogares, son de gran
magnitud y tienen un impacto elevado sobre la salud física
y mental de todas las personas que las padecen, causando daños
psicológicos y físicos y deteriorando su calidad
de vida.
Que la violencia tiene múltiples
causas y es evitable. Que por lo tanto la violencia debe ser
encarada en forma integral y con acción multisectorial
que compromete tanto a las instituciones gubernamentales como
a la sociedad civil.
Sin lugar a dudas, con el
tema flotando en el aire, con las cifras que no decrecen, y
con el riesgo de que los espacios sigan siendo insuficientes
ante la demanda. Los retos nacionales no pueden circunscribirse
sólo a los cambios punitivos, sino al impulso de una
cultura que promueva el respeto a las mujeres y menores; especialmente
la atención y la participación de las víctimas
en el proceso.
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