En
el camino andamos…
Día Internacional del Migrante
18 de diciembre
Luego de que en 1990 la
ONU adoptó la Convención Internacional para la
Protección de los Derechos Humanos de todos los Migrantes
y sus Familias, se hizo oficial la celebración de este
día. Sin embargo desde 1997, organizaciones de migrantes
de Filipinas y la región asiática ya habían
establecido esta fecha como el Día Internacional de Solidaridad
con los Migrantes.
La historia de la humanidad
no ha sido otra que la de las migraciones, pero nunca como hoy
día los derechos humanos habían estado en el centro
de la picota por la vulnerabilidad con que millones de migrantes
cruzan las fronteras en busca de mejores condiciones de vida;
o bien huyendo de guerras y hambrunas.
Pero a diferencia de siglos
pasados, la última década del siglo XX y los primeros
años del siglo XXI, han sido escenarios de una de las
transformaciones más estridentes con la llamada globalización
de la economía a través de la cual emergieron
las sociedades multiculturales y multiétnicas.
La migración tiene
sus causas ‘naturales’: la búsqueda de trabajo,
mejores oportunidades laborales y las expectativas de un mejor
nivel de vida, acceso a la educación, vivienda y cuidado
de la salud. Sin embargo, en algunos países, han sido
los procesos bélicos los que han inducido a la población
a desplazarse en busca de seguridad y protección de sus
derechos fundamentales.
Cuando esto último
sucede, el problema se torna aún más complejo
por las reglamentaciones migratorias de cada país que
afectan la situación jurídica de las personas,
ya sea trabajadores migratorios, refugiados o asilados. Y es
que pese a al reconocimiento de la universalidad de los derechos
humanos, todavía se siguen produciendo actos de discriminación étnico-racial,
religiosa, de género, xenofobia e intolerancia, que amenazan
la dignidad, la convivencia y el respeto que debe existir entre
personas, grupos y naciones.
Según datos de la
Organización Internacional para las Migraciones, una
de cada 35 personas es migrante; 175 millones de seres humanos,
es decir aproximadamente el 3% de la población mundial,
se encuentra en esta situación. Mientras que Estados
Unidos fue en el año 2000 el país con más
cantidad de habitantes en esta situación, la cual asciende
a 35 millones, le sigue Rusia con 13.3 millones; Alemania 7.3
millones; Ucrania 6.9 millones; Francia 6.3; India 6.3; Canadá 5.8;
Arabia Saudí 5.3 y Australia con 4.7 millones.
En lo que corresponde a
las remesas, una de las expresiones del poderío económico
y del flujo de capital que circula en el mundo por este rubro,
la India encabeza la lista en el 2000 con 11 mil 500 millones
de dólares, seguida de México (6 mil 500 millones
de dólares), Turquía (4 mil 500 millones), Egipto
(3 mil 700 millones), España (3 mil 400 millones), Portugal
(3 mil 100 millones) y Marruecos (2 mil 100 millones).
Según la misma organización,
quienes emigran al extranjero son muchas veces individuos de
las clases medias de los países en desarrollo, es decir
es una migración Sur-Norte, y no los más pobres.
Sin embargo, si como lo
indican las estadísticas la migración económica
no es la única causa, entonces no importan las razones
de este fenómeno, sino las causas que hacen que las personas
salgan de sus lugares de origen exponiéndose en todo
sentido a la discriminación, la violencia, el peligro
de perder la vida, entre otros peligros.
Si atendemos a la naturaleza
de las decisiones, entonces el desafío es aún
mayor y se encuentra abierto el desafío al que debe responder
tanto la comunidad internacional en su conjunto como los Estados
en lo individual. Porque un notorio avance en materia de regulación
específica es todavía una aspiración no
cumplida.
Uno de los aspectos de la
migración que presenta con mayor nitidez la dualidad
con se enfrenta el asunto es la gran aportación que realizan
los migrantes con las remesas y la forma en que dan a ganar
tanto al país donde trabajan como a su país de
origen.
Hay países, entre
los que se incluye México, en los cuales las remesas
son uno de los principales rubros en el renglón de transferencias
corrientes de sus balanzas de pagos. Su cuantía es de
tal magnitud que en 1995 México fue el cuarto país
receptor neto de divisas por este concepto a nivel mundial y
en 1999 ocupaba el segundo lugar con 5.9 millones de dólares
seguido de Turquía que obtuvo 4.5 millones. Se estima
que en el año 2001 ingresaron al país cerca de
8 900 millones de dólares por este concepto y hasta junio
de 2002 las remesas familiares ascendieron a poco más
de 4 750 millones.
Poco más de un millón
de hogares en nuestro país reciben remesas de familiares
en el extranjero. Poco más de 70 por ciento de los perceptores
de remesas tienen entre 20 y 59 años de edad, y alrededor
de uno de cada cuatro son mayores de 60 años.
Aproximadamente siete de
cada diez perceptores son mujeres, fundamentalmente cónyuges
del jefe del hogar, y en una proporción que oscila entre
21 por ciento para las áreas rurales y 32 por ciento
para las localidades de 2 500 o más habitantes, son ellas
mismas las jefes del hogar.
En el caso de las mujeres,
su situación es especialmente vulnerable, tanto cuando
emigran de su lugar de origen como cuando se quedan solas en
su lugar al frente de la familia. Es necesario diseñar
apoyos institucionales a fin de que no sean doblemente afectadas
por las ya complejas situaciones a las que se enfrentan.
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