Diversidad
y respeto
Día Internacional de la Tolerancia
16 de noviembre de 2002
Nunca como hoy día,
los grupos humanos habían establecido tantos contactos
entre sí. El mundo moderno y globalizado de hoy, es un
mundo de migraciones incesantes, de intercambios culturales ya
sea amistosos o conflictivos, de presiones económicas cotidianas
que no contribuyen a aceptar la presencia de extranjeros tratando
de adaptarse a un entorno nuevo y muchas veces amenazante.
Aceptar y reconocer que
las diferencias entre razas, géneros, edades, condiciones
sociales, culturales y lingüísticas son la base de
la riqueza humana, es uno de los primeros pasos para combatir
la discriminación y la intolerancia, dos de los más
graves flagelos que azotan a la humanidad.
El desarrollo de la tolerancia
y la confianza en las diversas comunidades no es un paso que se
logra de la noche a la mañana; es algo que requiere tiempo
y esfuerzos, en primer lugar supone el acceso a la educación.
La intolerancia suele tener sus raíces en la ignorancia
y el temor: a lo desconocido, al "otro o la otra", a
otras culturas, religiones y naciones. La intolerancia está
también estrechamente ligada a un sentimiento exacerbado
de autoestima y orgullo, nociones enseñadas y aprendidas
a edad temprana. Por ello el mayo reto que enfrentan nuestras
naciones en los próximos años es hacer mayor hincapié
en educar a los niños y niñas acerca de la tolerancia,
los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Sin embargo este esfuerzo
no sólo se circunscribe al aula, la familia, como fuente
de formación e información, en muchas ocasiones
es el ejemplo más cercano y de mayor impacto para cometer
actos de intolerancia y discriminación. La misma diversidad
de las familias de hoy, apunta a la necesidad de democratizar
las relaciones al interior de cada unidad doméstica.
Así pues, por la
importancia que la educación juega en este sentido a iniciativa
de la UNESCO, 1995 fue declarado Año de las Naciones Unidas
para la Tolerancia, y en su transcurso se realizó una campaña
mundial en favor de la tolerancia y la no violencia. Cada Día
Internacional de la Tolerancia es una oportunidad anual de la
educación para la tolerancia, así como de reflexión
y debates sociales y políticos de mayor alcance sobre los
problemas de intolerancia locales y mundiales. Puede ser la oportunidad
de hacer un balance de los logros del año, de los retos
a enfrentar y de proponer nuevas políticas.
Si bien el problema de
la intolerancia es mundial, sus manifestaciones generalmente adoptan
formas locales o nacionales. Así, para ser eficaces, las
normas mundiales contra la intolerancia tienen que combinarse
con medidas locales, nacionales e individuales.
Si partimos de lo local,
la comunidad más pequeña en este país es
un ejemplo de diversidad. Su cultura es la suma total de todas
las influencias que una región ha recibido en música,
danza, comida, festividades, etc.
Le sigue el respeto a los
derechos humanos, su garantía dentro de la influencia local
especialmente en el caso de las personas pertenecientes a minorías
nacionales, étnicas, religiosas, lingüísticas
u otras. Poblaciones indígenas, trabajadores migrantes,
solicitantes de asilo, refugiados y personas minusválidas.
El fomento, protección y promoción de sus derechos.
Casi siempre de la mano
de la intolerancia se encuentra la violencia. Su dinámica
radica en la coexistencia de grupos distintos que no se conocen
y el poder de uno se impone sobre el otro a través de mecanismos
de coerción cuya violencia puede ser rápidamente
identificable, pero también se incluye aquella violencia
cultural que aparentemente no tiene rostro pero que existe y daña
profundamente las relaciones sociales.
Otra forma de intolerancia
peligrosa y sumamente dañina es la religiosa. No sólo
entre las distintas expresiones religiosas, sino también
entre quienes no profesan ninguna fe religiosa existente.
Si como afirman las Naciones
Unidas la familia humana significa tener la esperanza de vivir
juntos en paz, debemos conocernos y aceptarnos unos a otros. En
el centro de todos los esfuerzos para promover la tolerancia,
debe existir un diálogo abierto, entre los individuos y
entre las diferentes culturas y civilizaciones. Sin el diálogo,
la diversidad cultural se encuentra amenazada. Sin el diálogo,
se arriesga la misma cohesión de la sociedad. Sin el diálogo,
no podremos tener paz.
En este Día Internacional
de Tolerancia, decidamos participar activamente, al nivel individual,
en la práctica de los principios que deseamos se respeten
universalmente. Reconozcamos que el papel de la tolerancia inicia
con todos y cada uno de nosotros.
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