inicio            misión          visión          objetivo

Una de cada 5 mujeres sufre violencia de pareja actualmente.                              En la infancia el 42% de las mujeres encuestadas fueron golpeadas, 21% insultadas y 16% humilladas por sus padres y/o familiares.                              Las mujeres no buscan ayuda por falta de confianza, vergüenza o porque consideran la violencia de pareja como algo privado.                              Durante el embarazo 8% de las mujeres encuestadas sufrieron humillaciones, 6% fueron obligadas a tener relaciones sexuales y 5% golpeadas por sus parejas.

0.Objetivo

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos tutela garantías y derechos específicos que se refieren a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, y al establecimiento de condiciones para el desarrollo y desenvolvimiento de los individuos, las familias, las comunidades y los pueblos indígenas.
De este contexto, se establece el derecho a la protección a la salud y la plena igualdad jurídica de los hombres y las mujeres, con lo que se protege la organización e integración de las familias. No obstante, subsisten aún profundas inequidades entre ellos, que propician situaciones de maltrato y violencia hacia los miembros más débiles (en función del sexo, la edad o la condición física), que se manifiestan cotidianamente. Ello ocurre tanto en el medio familiar, como en el ámbito público. Esta inequidad facilita el abuso de poder, exponiendo a situaciones de violencia a los grupos que socialmente son más vulnerables: las niñas, niños, adolescentes, mujeres embarazadas o personas en situaciones especialmente difíciles; adultos mayores; hombres y mujeres con enfermedad física o mental discapacitante, o en desventaja física económica o cultural.

Las diferencias biológicas, anatómicas y fisiológicas entre hombres y mujeres determinan la pertenencia de cada individuo a uno u otro sexo. El género se refiere a las diferencias que cada sociedad establece como lo que “naturalmente” corresponde a hombres y a mujeres. Por ejemplo, las conductas, valores y actividades que culturalmente diferencian a “lo femenino” de “lo masculino”.
Las diversas sociedades en México atribuyen mayor valía a los hombres. Por este motivo, a pesar de que la ley establece igualdad de derechos entre ambos sexos, culturalmente son los hombres a quienes les son conferidos: mayor poder social, más oportunidades de desarrollo y mayor acceso a los beneficios económicos y sociales.
La violencia siempre surge en un contexto de abuso de poder. Debido a esta inequidad de poder entre los géneros, las mujeres, embarazadas o no, conforman uno de los grupos más vulnerables a la violencia familiar.


Independiente de su estructura, la función básica de los arreglos familiares o domésticos deben en la formación de personas contribuir a establecer con los demás, relaciones respetuosas y equitativas, lo que seguramente incide positivamente en el control de formas de relaciones sociales violentas.

La violencia familiar incluye actos de agresión contra una persona, ejercidos por un miembro de la familia con mayor poder social, físico, económico o psicológico. El vínculo entre la persona agresora y la agredida puede ser sentimental o afectivo, de parentesco consanguíneo y/o legal, independientemente de su lugar actual de residencia.

Aun cuando en nuestro país no se conoce de modo preciso y directo la magnitud y repercusiones de este problema de salud pública, la violencia familiar -también identificada como violencia doméstica por caracterizar formas de relación en las unidades domésticas- no debe minimizarse. El espectro de daños a la salud se da tanto en lo biológico -desde retraso en el crecimiento de origen no orgánico, lesiones que causan discapacidad parcial o total, pérdida de años de vida saludable, hasta la muerte-, como en lo psicológico y en lo social, pues existe un alto riesgo de perpetuación de conductas lesivas, desintegración familiar, violencia social e improductividad. El embarazo no libra a las mujeres de violencia familiar.

Investigaciones realizadas en varios estados de la República Mexicana, indican que la incidencia de la violencia familiar, particularmente la ejercida contra las mujeres por su pareja, es entre el 30% y el 70% entre las mujeres mayores a 15 años que están o alguna vez han estado unidas a una pareja, incidencia que coincide con estudios en otros países.
La violencia familiar ocupa el tercer lugar entre las causas de pérdida de años de vida saludable en mujeres de la ciudad de México (1)
El embarazo no libera a las mujeres de la violencia; en algunos casos exacerba la agresión.
(1) Rafael Lozano, “Efectos de la violencia doméstica en la salud: ciudad de México”, Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, 1999.

El reto es coadyuvar a la prevención y disminución de la violencia familiar y promover estilos de vida saludables, por la frecuencia en que, según estimaciones sucede, y las consecuencias que genera, afectando la vida, la salud, la integridad y el desarrollo de las personas, las familias y las comunidades.

La incidencia de la violencia familiar es similar entre grupos de diferente edad y niveles socioeconómicos.
Por su alta incidencia y efectos nocivos, e incluso fatales, la violencia familiar es un problema de salud pública.
El sector salud no tiene facultad para juzgar ni castigar. La labor de los y las prestadoras de servicios de salud consiste en atender los daños físicos y psicológicos de las personas en situación de violencia familiar, para ello, deben aprender a escuchar y orientar a las personas agredidas sobre posibles acciones en otras instancias. Los responsables de los establecimentos en los que se proporcionan servicios de atención médica deben informar al Ministerio Público, los casos de personas con lesiones u otros signos que presumiblemente se encuentren vinculados con violencia familiar.

Para combatir la violencia familiar y promover la convivencia pacífica, es necesario fomentar la equidad entre los géneros y entre todas las personas, y construir espacios donde el rescate de la tolerancia, el respeto a la dignidad y a las diferencias entre congéneres, sean las bases de las relaciones interpersonales y sociales.

Todo el personal de salud que tiene contacto con personas en riesgo o en situación de violencia familiar, debe contar con la sensibilización y capacitación indispensables para prevenir, detectar y atender este fenómeno en el marco de la equidad de género.

Asimismo, se requiere realizar nuevas investigaciones en el tema, que permitirán conocer la magnitud y algunas características del problema, para estar en condiciones de afrontarlo mejor, de diseñar o reforzar políticas públicas y tomar decisiones para su prevención y la atención integral de los involucrados y lograr su paulatino abatimiento.

La mayoría de las mujeres en situación de violencia familiar o en riesgo de sufrirla, acude al menos una vez al sector salud para recibir atención médica a las lesiones producto de la violencia o por otros motivos de salud, hecho que incrementa la necesidad de participación del sector para la prevención, detección y atención de casos de violencia familiar.
Es de fundamental importancia que los y las profesionales de la salud puedan identificar los casos actuales o potenciales de violencia familiar y lleven a cabo el registro correspondiente, el cual forma parte de esta NOM y se encuentra al final de la presente publicación
Éste, es el instrumento que permitirá conocer con precisión la magnitud, características específicas y el impacto de la violencia familiar en México. (pag. 26)

Con la elaboración de esta Norma Oficial Mexicana, el Gobierno de México da cumplimiento a los compromisos adquiridos en los foros internacionales en materia de la eliminación de todas las formas de violencia, especialmente la que ocurre en el seno de la familia y contra la mujer, que se encuentran plasmados en la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación
Contra la Mujer (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1979),
Convención sobre los Derechos del Niño (Asamblea General de las Naciones
Unidas, 1989), Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993); Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1993); Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer "Convención de Belem do Pará" (OEA, 1994); Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994); Cumbre Mundial Sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) y la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer (Beijing, 1995).